Marcos ha sido el más “jaimito” de la familia. Cuando era pequeño, como muchos otros niños, le dio por pintar monigotes en el papel pintado de las habitaciones. Al principio, lo hacía con lápiz y se podía borrar. Pero después debió de pensar que era una injusticia privar al resto de los humanos de un arte tan grandioso y decidió pintar con boli, para que quedase para las generaciones venideras. Cuando era descubierto un nuevo monigote, mi padre le “premiaba” con unos azotes.
Era evidente que el autor era Marcos y nadie más. Un día mi padre le llamó y, señalándole su más reciente creación, le preguntó: “¿Quién ha hecho esto? Y como no podía negar au autoría, contestó: Lo hice yo, pero fue hace mucho. Por esto ya me pegaste…
